Hay un lugar dónde el cambio va a trabajar

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EMILIO FROJÁN

Son las 4:30 de la tarde, hora a la que suelo bajar a la cantina a tomar un café con Natalia. Me siento con ella en el patio, un lugar que me recuerda a la plaza mayor de una pequeña aldea castellana del siglo pasado, cargada de movimiento, tránsito de gente que sencillamente no para quieta. Volvemos al presente y me encuentro hablando con Natalia sobre sus primeros días en Impact Hub. Son sus primeras semanas y me cuenta lo ilusionada que está en su nuevo proyecto profesional. También está con nosotros una orientadora de la Fundación Prodis, una organización que se encarga de apoyar a compañeros y compañeras con discapacidad intelectual a integrarse plenamente en el mundo laboral. Natalia solamente toma Colacao, odia el café, de momento.

A mi alrededor hay una reunión estratégica de directivos de una multinacional automovilística alemana, una jornada de innovación de una de las empresas de alimentación más conocidas de España, 3 emprendedores haciendo una videoconferencia con un socio afincado en Ghana y una compañera colocando en cestas de madera verduras, frutas y varios productos ecológicos recién traídos de productores locales.

A veces no sabes si el tiempo pasa hacia delante o hacia atrás y ves a gente del barrio empezando a recoger tomates, huevos y berenjenas mientras oyes de fondo una discusión sobre si la tecnología blockchain cambiará el modelo de organización social tal y como lo conocemos. Los paisanos recogen en sus bolsas de tela los alimentos que previamente compraron bajo demanda por una plataforma ecommerce. Estamos en el punto dónde los valores y la esencia de la humanidad se abraza con la última tecnología. Dónde la plaza de verduras de la aldea castellana se planta en el centro de Madrid, concretamente en un super garaje de Atocha.

Es un ambiente al que ya estamos acostumbrados pero que posiblemente me sorprendió en su momento, no lo recuerdo. Según dicen la primera vez aquí sorprende, es lo que llamo el "shock de lo normal", y es que al pasar unos días no encuentras diferencias entre tanta diversidad.

Sigo hablando con Natalia y me cuenta que ya ha regado todas las plantas, crecen tanto que pronto podremos llamarles árboles. Me dice que va a por el móvil a hablar con su novio y me deja a mí como quien no quiere la cosa a cargo de recoger y lavar los cacharros.

Vuelvo a la cantina, son solo unos metros, lo suficiente para oír velocidad, innovación, ganas y personas. Veo gente en traje y corbata, otros en camiseta y bermudas, unos hablando en francés, aunque realmente son colombianos viviendo en Getafe. Todos hablan, comparten, disfrutan. Todo parece complejo, y a la vez, todo parece tan fácil...

Es cómo si alguien dirigiese, cual director de orquesta, movimientos afinados y conversaciones vibrantes. En esta banda lleven corbata o riñonera tocan en clave de mejorar el mundo. Nadie es de aquí, nadie es de allá pero todos tienen un propósito común y bailan al ritmo constante del cambio.


EMILIO FROJÁN. Business Development, Impact Hub Madrid
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